Resurrección es el levantarse nuevamente luego de la
muerte, la reasunción de la vida. En este artículo, trataremos
solamente la Resurrección de Jesucristo. (La Resurrección general
de la carne, sera tratada en otro artículo). El hecho de la Resurrección
de Jesucristo, las teorías que se le oponen, sus características,
y las razones de su importancia se consideráran en estos párrafos.
I. EL HECHO DE LA RESURRECIÓN DE CRISTO.
Las principales Fuentes que atestiguan el hecho de la Resurrección de
Cristo son los cuatro evangelios y las epístolas de San Pablo. La mañana
de Pascua es tan rica en incidents y tan llena de personas interesadas, que
su historia completa presentaun cuadro bastante complicado. No es de sorprender,
por lo tanto, que los relatos parciales contenidos en cada uno de los cuatro
evangelios, aparezcan a primera vista, difíciles de armonizar. Pero cualquiera
que sea la vision exegética que defendamos, sea la visita al sepulcro
de las santas mujeres o la aparición de los ángeles, lo que es
indudable es la coincidencia de los evangelistas sobre el hecho de que el Cristo
Resucitado se apareció a una o más personas. Según San
mateo, Él se apareció a las mujeres, y luego nuevamente lo hizo
en una montaña en Galilea. Según San Marcos, fue visto por María
Magdalena, por los dos discípulos de Emaús y los Once antes de
su Ascención a los cielos. Según San Lucas, caminó con
los discípulos hacia Emaús, se apareció a Pedro y a sus
apóstoles reunidos en Jerusalén. Según San Juan, Jesús
se apareció a María Magdalena, a los diez apóstoles el
día de Pascua, a los Once una semana más tarde, y a los siete
discípulos en el Mar de Tiberiades. San Pablo (1 Cor 15, 3-8) enumera
otra serie de apariciones de Jesús luego de su resurrección; fue
visto con Cefas, con los Once, con los mas de 500 hermanos, muchos de los cuales
aún estaban vivos en la época en que el apóstol escribía
la carta, con Santiago, con todos los apóstoles, y finalmente con el
propio Pablo.
Presentamos aquí un esquema de la possible armonía
de los relatos evangélicos respecto a los principales eventos del Domingo
de Resurrección.:
· Las santas mujeres llevando especies que habían previamente
preparado para ungir el cuerpo de Jesús en el sepulcro. Inquietas por
la remoción de la piedra, sin saber nada de la guardia official del sepulcro.
(Mt 28, 1-3; Mc 16,1-3; Lc 24,1; Jn 20,1).
· El angel que con su brillo atemorizó a los guardias y los hizo
salir corriendo; rodó la piedra y se sentó no sobre (ep autou)
sino por encima de ella (epano autou) (Mt 28,2-4).
· María Magdalena, María la Madre de Santiago, y Salomé
que se acercan al sepulcro y ven la piedra movida, sobre lo que María
Magdalena vuelve inmediatamente a informar a los Apóstoles (Mc 16,4;
Lc 24,2; Jn 20,1-2).
· La otras dos santas mujeres entran al sepulcro, encuentran a un angel
sentado en el vestíbulo y les muestra el sepulcro vacío, les anuncia
la Resurrección, y les encomienda avisar a los discípulos y a
Pedro que deben ver a Jesús en Galilea (Mt 28,5-7; Mc 16,5-7).
· Un segundo grupo de santas mujeres, el de Juana y sus compañeras.
Llegan al sepulcro, donde probablemente habían quedado en encontrarse
con el primer grupo, entran al sepulcro vacío y son avisadas por dos
ángeles que Jesús ha resucitado según Él mismo había
predicho (Lc 24, 10).
· No mucho después, Pedro y Juan, quienes fueron avisados por
María Magdalena, llegan al sepulcro y encuentran los paños de
un modo que excluía toda suposición de que el cuerpo haya podido
ser robado, pues simplemente estaban por el suelo, indicando que el cuerpo sagrado
había salido de ellos sin siquiera haberlos tocado. Cuando Juan lo percibe,
inmediatamente cree (Jn 20, 3-10).
· María Magdalena regresa al sepulcro, ve primero a dos ángeles
dentro, y luego a Jesús mismo (Jn 20, 11-16; Mc 16,9).
· Los dos grupos de santas mujeres, quienes probablemente se encontraron
al regresar a la ciudad, son favorecidas con una vision de Cristo resucitado,
quien les encarga decirle a sus hermanos que los verá en Galilea (Mt
28, 8-10: Mc 16,8).
· Las mujeres relatan sus experiencias a los Paóstoles, pero se
topan con su indcredulidad (Mc 16,10-11; Lc 24,9-11).
· Jesús se aparece a los discípulos en Meaux, y regresan
a Jerusalén; los Apóstoles parecen estar entre la duda y la fe.
(Mc16 ,13-35).
· Cristo se aparece a Pedro, y por eso Pedro y Juan creen firmemente
en la resurrección (Lc 24,34; Jn 20,8).
· Luego del regreso de los discípulos de Emaus, Jesús se
aparece a todos los apóstoles excepto Tomás (Mc 16,14;Lc 24,36-43;
Jn 20, 19-25).
La armonía de las otras apariciones de Cristo luego
de su Resurrección no presenta especial dificultad. Brevemente, sin embargo,
el hecho de que la Resurrección de Cristo sea atestiguada por mas de
500 testigos oculares, cuya experiencia, simplicidad y honestidad de vida los
torna incapaces de inventar una fábula tal, mucho menos en una época
en la que cualquier intento de engañar hubiera sido fácilmente
descubierto, mas aún cuando tenían mucho que perder en la vida
y muy poco que ganar, y cuya valentía moral mostrada en el apostolado
se puede explicar solamente por su çintima convicción en la verdad
objetiva de su mensaje. Nuevamente el hecho de la Resurrección de Cristo
es atestiguada por el silencio elocuente de la Sinagoga, que había hecho
todo lo posible para evitar un engaño, y que más bien hubiera
descubierto fácilmente el engaño, si éste hubiera existido.
Lo único que consiguieron oponer a estos testimonios, los de la adormecida
guardia, que no pudo rebatir el testimonio de los Apóstoles excepto amenazarlos
para que no “hablen más en este nombre a persona alguna”
(Hch 4,17). Finalmente los miles y millones, tanto judíos como gentiles,
que creyeron en el testimonio de los apóstoles a pesar de todas las desventajas
que una creencia tal supone, en pocas palabras, el origen de la Iglesia, requiere
para ser entendida, la realidad de la Resurrección de Cristo, pues el
surgimiento de la Igleisa sin la Resurrección hubiera sido un milagro
mayor que la Resurrección misma.
II. TEORÍAS CONTRARIAS
Por qué medios podría caer por tierra la evidencia de la Resurrección
de Cristo? Tres teorías han intentado una explicación, aunque
las dos primeras tienen escasos defensores hoy en día. (1)Teoría
del desvanecimiento
Existe la teoría de aquellos que afirman que Cristo no murió realmente
en la cruz, que su supuesta muerte fue un desvanecimiento temporal, y su resurrección
simplemente un volver a la conciencia. Esta teoría fue defendida por
Paulus (Exegetisches Handbuch, 1842, II, p. 929) y son algunas modificaciones
por Hase (Gesch. Jesu, n 112), pero no concuerda con los datos ofrecidos en
los evangelios. La flagelación y la coronación de espinos, el
cargar la cruz y la crucifixion, las tres horas en la cruz, y la posterior lanzada
del centurion no hubieron tenido como consecuencia un simple desvanecimiento.
Su verdadera muerte es certificada por el centurion y los soldados, por los
amigos de Jesús y por sus mas amargos enemigos.
Su permanencia de 36 horas en el sepulcro sellado, en un ambiente envenenado
por cientos de libras de especies, hubieran bastado para causarle la muerte.
Más aún, si Jesús hubiese simplemente vuelto a la conciencia
luego de desvanecerse, los sentimientos aquella mañana hubieran sido
de conmiseración antes que de júbilo y triunfo, los Apóstoles
se hubieran sentido movidos más a cumplir las funciones de un concejo
enfermizo y débil que a la mission apostólica, la vida del poderoso
“hacedor de milagros” hubiera acabado en una burda soledad y vergonzosa
oscuridad, y su preconizada impecabilidad se hubiera tornado en una silente
aprobación por Su parte de una mentira como piedra sobre la cual se asentaba
Su Iglesia. No sorprende por qué posteriors críticos de la resurrección,
como Strauss, se hayan regocijado tanto en una teoría como esta del desvanecimiento
para justificar sus críticas.
(2) Teoría de la Imposición
Se dice que lso discípulos robaron el cuerpo de Jesús de la tumba,
y luego proclamaron a los hombres que su Señor había resucitado.
Esta teoría había sido anticipada por los judíos que “dieron
una suma de dinero a los soldados, diciéndoles: ‘Digan, sus discípulos
vinieron en la noche y robaron el cuerpo mientras dormíamos” (Mt
28, 12ss). Lo mismo fue señalado por Celso (Orígenes, Contra Celso,
II, 56) con algunas diferencias en los detalles. Pero asumir que los Apóstoles
con un peso tal sobre sus conciencias hubieran predicado un reino de verdad
y de justicia como el gran esfuerzo y causa de sus vidas, y que por razón
de ese reino hayan sufrido hasta la muerte, sería asumir una de esas
imposibilidades morales que pueden suceder en un arranque de exhaltación
propia de la emoción del momento, pero que hubiera sido dejado de lado
a la hora de entrar nuevamente en razón.
(3) Teoría de la Visión
Esta teoría, como la entienden generalmente sus defensores no permiten
visions causadas por intervención divina, sino solo aquellas fruto de
agentes meramente humanos. Porque si admitimos una intervención divina,
también deberíamos creer, en tanto se refiere a los principios,
que Dios levantó a Jesús de entre los muertos. Pero, ¿dónde
es que entran en esta teoría los agentes humanos que hubieran producido
tales visiones? La idea de la resurrección de la tumba era familiar a
los discípulos por su fe judía; tenían asimismo vagos indicios
en las profecías del Antiguo Testamento, finalmente, el propio Jesús
había asociado siempre su Resurrección a las predicciones de su
muerte. Por otro lado, el estado de mente de los discípulos era el de
un gran entusiasmo; atesoraban el recuerdo de Cristo con un afecto tal que les
hacía casi imposible pensar que se había ido. En breve, su estado
de mente era tal que necesitaba la más mínima chispa para encender
una llamarada. La chispa la proveyó María Magadalena, y la llama
inmediatamente se propagó con la rapidez y la fuerza de una conflagración.
Lo que ella creyó haber visto, otros inmediatament pensaron que tenían
también que verlo. Sus expectativas fueron cubiertas, y la convicción
de que el Señor verdaderamente había resucitado de entre los muertos,
abrazó a los miembros de la primera Iglesia. Esta es la teoría
de las visiones comúnmente defendida por los críticos de la Resurrección,
que por más ingeniosa que parezca, es imposible desde el punto de vista
de la historia.
· Es incompatible con el estado de mente de los Apóstoles, la
teoría presupone la fe y la expectativa por parte de los Apóstoles,
lo cual desde los hechos, la fe y expectativa de los apóstoles es consecuencia
de su visión del Cristo resucitado.
· Es inconsistente con la naturaleza de la manifestación de Cristo;
estas tendrían que haber estado ligadas a la gloria celestial, o deberían
haber continuado la anterior relación de intimidad de Jesús con
sus discípulos, que en verdad y de manera consistente presentaron en
verdad una total nueva fase imposible de haber sido esperada con anterioridad.
· No concuerda con las condiciones de la comunidad cristiana temprana,
luego del primer entusiasmo del domingo de resurrección, los Apóstoles
como un cuerpo se caracterizaron por su fría deliberación mas
que por el entusiasmo exaltado de una comunidad de visionarios.
· Es incompatible con la extensión de tiempo que duraron las apariciones;
las visiones, según lo que suponen los críticos, hasta donde se
sabe nunca han durado mucho, mientras que algunas de las manifestaciones de
Cristo duraron un período considerable de tiempo.
· No es consistente con el hecho de que las manifestaciones se hayan
dado a una gran número de personas al mismo tiempo.
· No concuerda con el lugar donde muchas de las manifestaciones sucedieron:
apariciones visionarias se hubieran esperado en Galilea, mientras que la mayor
parte de apariciones de Jesús ocurrieron en Judea.
· Es inconsistente con el hecho de que las visiones terminaran abruptamente
el día de la Ascención.
Keim admite que el entusiasmo, nerviosismo y excitación
mental por parte de los discípulos no proveen una explicación
racional a los hechos tal como son relatados en los evangelios. Según
él, las visiones eran concedidas directamente por Dios y el Cristo glorificado,
podían incluír hasta una “aparición corporea”
para aquellos que temían que sin ello lo perderían todo. Pero
la teoría de Keim no satisface ni a la Iglesia, entanto que abandona
roda las pruebas de una Resurrección del cuerpo de Jesús, ni a
los enemigos de la Iglesia, puesto que admite muchos de los dogmas de la Iglesia;
nuevamente no es consisitente consigo misma, pues concede a la intervención
especial de Dios como prueba de la fe de la Iglesia, a pesar de comenzar negando
la resurrección corporea de Jesús, lo cual consituye una de los
principales objetos de esta fe.
(4) Visión Modernista
La Santa Sede, en el Decreto “Lamentabili” describe y condena visiones
defendidas por un cuarto grupo de opositores a la Resurrección. Estos
proponen entre otras cosas: “La Resurrección de nuestro Salvador
no es propiamente un hecho de orden histórico, sino un hecho puramente
del orden sobrenatural ni probado ni probable, el cual la consciencia cristiana
ha ido infiriendo poco a poco de otros hechos”. Este postulado concuerda
con lo que mas adelante explicaba Loisy ("Autour d'un petit livre",
p. 8, 120-121, 169; "L'Evangile et l'Eglise", pp. 74-78; 120-121;
171). Según Loisy, primero, la entrada a la vida inmortal de uno resucitado
de entre los muertos no es algo susceptible de ser observado; es sobrenatural,
un hecho hiperhistórico, incapaz de ser probado históricamente.
Las pruebas alegadas para la Resurrección de Cristo soninadecuadas; el
sepulcro vacío es apenas un argumetno indirecto, mientras que las apariciones
del Cristo resucitado están abiertas a sospechas de manera a priori,
sensibe a impresiones de una reliadad sobrenatural; y son evidencia dudosa desde
un punto de vista crítico, por razón de las discrepancias en las
varias narraciones escriturísticas y el carácter diverso y mezclado
de los detalles relacionados a las apariciones. Segundo, si uno prescinde de
la fe de los Apóstoles, el testimonio del Nuevo Testamento no provee
un argumento cierto al hecho de la Resurrección. Esta fe de los Apóstoles
no se preocupa tanto con la Resurrección de Jesucristo, como de su vida
inmortal; basados en las apariciones, las cuales son evidencia insatisfactorias
desde un punto de vista histórico, pero cuya fuerza se percibe solo por
la fe; al ser un desarrollo de la idea de un Mesías inmortal, es una
evolución de la consciencia cristiana, aunque al mismo tiempo un correctivo
al escándalo de la Cruz. La Santa Sede rechaza ésta visiónd
e la Resurrección cuando la condena en el Decreto “Lamentabili”:
“La fe en la Resurrección de Cristo señala desde el principio
no tanto al hecho de la Resurrección, sino a la vida inmortal de Cristo
con Dios”.
Además del rechazo autoritativo de esta visión modernista, debemos
colocar las siguietnes tres consideraciones: Primero, el argumento de que la
Resurrección de Cristo no puede ser probada históricamente no
concuerda con la ciencia. La ciencia no sabe lo suficiente sobre las limitaciones
y posibilidades de un cuerpo resucitado de entre los muertos a la vida eterna,
para garantizar la afirmación de que un cuerpo tal no pueda ser percibido
por los sentidos, nuevamente en el caso de Cristo, el sepulcro vacío
con todas sus circunstancias concretas no puede ser explicado sino por una intervención
ilagrosa de Dios con carácter sobrenatural como el de la Resurrección
de Jesús. Segundo, la historia no nos permite referirnos a la Resurrección
como resultado de una gradual evolución de la consciencia cristiana.
Las apariciones no eran simple proyección de la esperanza mesiánica
de los Apóstoles, que debía ser reavivada y fortalecida con la
apariciones.
Nuevamente, los Apóstoles no comenzaron predicando la
vida inmortal de Cristo con Dios, sino que predicaron a Cristo Resucitado desde
los primeros tiempos, inistiendo en ello como un hecho fundamental y describieron
hasta algunos de los detalles ligados a este hecho: Hch 2, 24, 31; 3, 15,26;
4,10; 5,30; 10,39-40; 13,30, 37; 17,31-2; Rom., 1,4; 4,25; 6, 4,9; 8,11,34;
10,7; 14,9; I Cor 15, 4,13ss.; etc. Tercero, la negación de la certeza
histórica de la Resurrección de Cristo comporta graves y varios
errores históricos: cuestiona la objetividad real de las apariciones
sin base histórica alguna para tal duda; niega el hecho del sepulcro
vacío a pesar de evidencias históricas sólidas a favor
de este hecho; cuestiona inclusive el hecho del entierro de Cristo en el sepulcro
de José, aunque este hecho esté basado en el testimonio irrevocable
de la historia.
III. CARACTER DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO
La Resurrección de Cristo tiene mucho en común con la resurrección
general, incluso la transformación de Su cuerpo y de su vida corporal
es la misma que espera a todos los bendecidos con su resurrección. Pero
debe precisarse lo siguiente:
· La Resurrección de cristo es necesariamente una resurrección
gloriosa; ello implica no apenas la reunión del cuerpo y el alma, sino
también la glorificación del cuerpo.
· El Cuerpo de Cristo no iba a conocer corrupción, sino a levantarse
de entre los muertos, luego de haber pasado el tiempo suficiente para no dejar
duda alguna de su verdadera muerte.
· Cristo fue el primero en resucitar a una vida inmortal; aquellos que
resucitaron antes que Él murieron nuevamente (Col 1, I8; I Cor 15, 20).
· En tanto que el Divino poder que lo levantó de la tumba era
su propio poder, Él se levantó de entre los muertos por su propio
poder. (Jn 2,19; 10,l7-18).
· Desde que la Resurrección hubo sido prometida como la mayor
prueba de la misión divina de Cristo, tiene una mayor importancia dogmatica
que cualquier otro hecho. "Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería
nuestra fe" (I Cor 15,14).
IV. IMPORTANCIA DE LA RESURRECCIÓN
Además de ser el argumento fundamental de nuestra fe cristiana, la Resurrección
es importante por las siguientes razones:
· Muestra la justicia de Dios que exaltó a Cristo a una vida de
gloria, luego de que Cristo se había humillado a sí mismo hasta
la muerte (Fil 2,8-9).
· Con su Resurrección y posterior Ascención a los cielos,
Cristo completó el misterio de nuestra salvación y redención;
por su muerte nos libró del pecado, y por su Resurrección nos
restauró los privilegios mas importantes perdidos por el pecado (Rom
4,25).
· Por su Resurrección reconocemos a Cristo como Dios inmortal,
la causa eficiente y ejemplar de nuestr propia resurrección (I Cor 15,21;
Fil 3,20-21), y como el modelo y apoyo de nuestra nueva vida de gracia (Rom
6, 4-6; 9-11).
A.J. MAAS
Transcrito por Donald J. Boon
Dedicado a Mons. Andre Cimichella, Obispo de Montreal, y a la Beata Kateri Tekakwitha
Traducido al español por Ricardo Treneman